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Art Exhibition

Art historians like to make groups. They like to put artists into categories, into different boxes, and stick labels on them. This is all understandable – a lack of descriptive tags and names would make it much harder to describe an artist’s style. But it is not always immediately obvious which of these group names were slapped on by art historians and journalists, and which were declared by the artists themselves.

Paul Sérusier, The Talisman, the Aven River at the Bois d'Amour, October 1888. Oil on wood, 27 x 21 cm. Musée d’Orsay, Paris.

Paul Sérusier, The Talisman, the Aven River at the Bois d’Amour, October 1888.
Oil on wood, 27 x 21 cm. Musée d’Orsay, Paris.

‘Impressionist’ was originally used as a derogatory term by scathing critics, the Pre-Raphaelite Brotherhood were self-named, the Neo-Impressionists were also christened by a journalist, but a friendly supporter this time, and as for so-called ‘Post-Impressionism’… well, that wasn’t coined until after many of the artists it applied to were dead, and is considered by many as meaningless and inaccurate. The Nabis, however, were one of the tightest-knit and most clearly-defined artistic groups. They banded together in 1892 at the Académie Julian, flocking around Paul Sérusier upon his return from Brittany bearing wisdom imparted from Gauguin and The Talisman, which he painted under Gauguin’s guidance. The members were soon giving each other nicknames, meeting in Paul Ranson’s studio (known as ‘The Temple’), and sending each other letters in a secret language.

Félix Vallotton, Portrait of Édouard Vuillard, 1893. Oil on panel, 30 x 25 cm. Private collection.

Félix Vallotton, Portrait of Édouard Vuillard, 1893.
Oil on panel, 30 x 25 cm.
Private collection.

Though devoted to their group throughout the 1890s, by the turn of the new century these artists had gone their separate ways. This might not surprise you, taking a quick look at their works; although there are certainly stylistic similarities, you might not immediately group these artists together. The things that united them (devotion to Synthetism, interest in the theatre and in decorative art, desire to move away from both Impressionism and academic training) also left room for a wide variation in media, religiousness, and style.

Left: Pierre Bonnard, La Revue Blanche, 1894. Colour lithographic poster, 80 x 62 cm. National Gallery of Australia, Canberra Source: http://nga.gov.au/ Right : Paul Ranson, Lustral, 1891. Tempera on canvas, 35.5 x 24.3 cm. Musée d’Orsay, Paris. Edouard Vuillard, The Earthenware Pot, 1895. Oil on canvas, 65 x 116 cm. On loan from a private collection, National Gallery, London.

Left: Pierre Bonnard, La Revue Blanche, 1894. Colour lithographic poster, 80 x 62 cm.
National Gallery of Australia, Canberra
Source: http://nga.gov.au/
Right : Paul Ranson, Lustral, 1891. Tempera on canvas, 35.5 x 24.3 cm. Musée d’Orsay, Paris.
Edouard Vuillard, The Earthenware Pot,
1895.
Oil on canvas, 65 x 116 cm.
On loan from a private collection, National Gallery, London.

The influence of Japanese prints upon their work, seen in the prominence of large areas of flat colour, pattern, and a strong focus on the decorative is another clear feature of the Nabis’ art. And yet the next Nabi work you chance upon may show none of these characteristics. Does it seem, for you, that these ‘Nabis’ were really united through a particular style, or were they perhaps simply a group of artist friends drawn together more by their sense of fraternity and love of secretive group behavior? Decide for yourselves by picking up a copy of Nathalia Brodskaia’s Félix Vallotton, or Albert Kostenevitch’s The Nabis. For a closer look at Vallotton’s work, head along to Amsterdam’s Van Gogh Museum from 14 February until 1 June 2014 to visit their exhibition dedicated to the artist.

G.A.

www.felix-vallotton.com/

En los infinitos vaivenes de la moda y la crítica ofical, nos puede aterrorizar descubrir que hubo un día en que la pintura de los nabis fue radicalmente moderna. Se autodenominaron “profetas” (eso quiere decir nabis en hebreo) porque tenían la vocación mesiánica y redentora propia de las vanguardias. “Muy bien”, podría decir un joven espectador de hoy, “esa arrogancia es normal si eres un cubista o un surrealista… pero ¿¡los Nabis?! ¿En serio?” Pues sí, en serio. Acostumbrados como estamos a ingerir y descartar imágenes en cuestión de minutos, cuesta imaginar una sociedad en que los colores planos de Maurice Denis, los lienzos decorativos de Édouard Vuillard o las escenas de interior de Félix Vallotton resultaran intolerables para el gusto dominante. Pero ese tiempo exisitó, y no es tan lejano.

Maurice Denis, Marta y María, 1896.

Maurice Denis, Marta y María, 1896.

Dominados por una versión actualizada del pensamiento único, donde la novedad no es siquiera una opción sino la ley, somos incapaces de entender cómo estas pinturitas inofensivas incubaron, hacia 1890, el germen de las grandes rupturas artísticas de las décadas siguientes. Tal y como harían las vanguardias posteriores, los nabis formaron un grupo organizado para combatir la hostilidad –más bien la indiferencia– del mundo exterior. Si hubieran sido una secta religiosa –como a veces parecen dar a entender los textos de Denis, su principal ideólogo– hubieran coronado sus altares con figuritas de Paul Gauguin. Se podría decir que sin él no hubieran existido los nabis, al menos no como grupo organizado. Hasta tal punto es crucial que fue bajo sus directrices que Paul Sérusier pintó El talismán, el cuadro que sintetizó las aspiraciones del grupo. Este fue su verdadero manifiesto, un enfrentamiento directo con los valores tradicionales del arte de la pintura.

Paul Sérusier, El talismán, 1888.

Paul Sérusier, El talismán, 1888.

Claro que, para muchos de nuestros artistas punteros de hoy, seguramente sean esos mismos antiguos profetas los que hoy encarnan la tradicición. Cuando a un joven pintor que conozco un colega de carrera lo vio absorto mirando un libro de Bonnard, le recomendó con condescendencia que mejor haría en fijarse en el arte producido a partir de 1950, sin duda la única fuente de inspiración aceptable para un joven aspirante a artista. Por descontado que este joven garante de la vanguardia consideraba que ambas cosas eran incompatibles. Y por descontado que tenía poca idea de la influencia decisiva que artistas como Bonnard han ejercido sobre buena parte de la pintura más valiente de la segunda mitad del siglo XX. Cuando las facultades de Bellas Artes descuidan las formas y la historia del arte, estos son los resultados. Qué le vamos a hacer.

Pierre Bonnard, El coche de caballos, 1895.

Pierre Bonnard, El coche de caballos, 1895.

A pesar de ser términos antagónicos, a la vanguardia le sucede lo mismo que a la tradición: no hay mejor manera de matarlas a ambas que a través del reconocimiento. Una tradición arraigada en la cultura popular que es de pronto exaltada por instancias oficiales y rodeada de medidas proteccionistas puede degenerar rápidamente en parodia, en una colorida pero inerme pieza de museo. Del mismo modo, cuando una vanguardia es aceptada socialmente y pasa a asumir el papel estético dominante, abandona forzosamente las trincheras. Viendo el panorama actual, sin embargo, se podría concluir que la gran conquista de nuestra era posmoderna consiste en que ahora se pueden compatibilizar la ruptura con el confort, la actitud revolucionaria con las subvenciones del Estado.

Aunque es un pintor con un estilo muy reconocible, seguramente lo que más fama le ha dado a Félix Vallotton son sus xilografías. El pintor nacido en Lausana fue miembro del grupo Nabi formado en torno a Maurice Denis, Serusier, Bonnard, Vuillard y otros jóvenes pintores vanguardistas, pero la suya fue siempre una participación algo “periférica”. Lo mismo se puede decir de las demás corrientes a las que se le ha adscrito porque Vallotton, como todods los grandes artistas, es esquivo a las etiquetas contundentes.

Los temas de sus grabados son los mismos de su pintura: tanto las escenas callejeras como los interiores merecen su atención, y en muchas ocasiones ello se adereza con sentido del humor o la presencia implícita de algo que se nos escapa. Como en sus mejores cuadros -piénsese en La visita– Vallotton es un pintor sutil que no revela nada de inmediato. Un primer vistazo de sus cuadros nos dirá muy poco acerca de lo verdaderamente importante, esto es, lo que late bajo la superficie. Por eso resulta muy acertado el título de la exposición que se le está dedicando en el Grand Palais de París, “El fuego bajo el hielo”.

La visita, 1899

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Based on his numerous nudes, one can surmise that Félix Vallotton loved women – he loved their beauty, their coquetry, even their flaws. But his affection for women never went beyond the canvas.

Félix Vallotton, Woman with a Black Hat, 1908 Oil on canvas, 81 x 64.8 cm The Hermitage Museum, St Petersburg.

Félix Vallotton, Woman with a Black Hat, 1908
Oil on canvas, 81 x 64.8 cm
The Hermitage Museum, St Petersburg.

For many years, he led an affair with Hélène Chatenay, who was also his model for several of his paintings. Hélène was very dear and loyal to him, even growing close to the Vallotton family. But as Vallotton was devoted to his craft, not to Hélène, he left her for the elderly widow, Gabrielle Rodrigues. Vallotton didn’t even bother trying to hide his true motives for his engagement to Gabrielle Rodrigues – she came from a distinguished family of wealthy art dealers.

When looking at some of works, one can catch a glimpse in his character. Just like in his woodcut Money, converted his romantic affair with a woman into one of financial gain.

Felix Vallotton, Money, 1898 Woodcut

Felix Vallotton, Money, 1898
Woodcut

In letters to the Rodrigues family, he claims to love Gabrielle genuinely, but his betrayal to Hélène shows that he couldn’t love women; he only loved himself and his craft. Women were as important to him as the trees in his landscape and the flowers in his still lifes.

For a chance to see some of Vallotton’s works, visit the exhibition entitled Felix Vallotton: Fire and Ice at the Grand Palais National Galleries running until January 20, 2014. But if you can’t make it to France, you can admire his work from home – check out Natalia Brodskaia’s latest book Félix Vallotton in print and ebook format.

– D. R.

www.felix-vallotton.com/

“ Mi sto per sposare, sposo una donna che conosco da tanto tempo, un’amica, una vedova con tre bambini. Possiede una ricchezza sufficiente per assumere la sua esistenza e quella dei suoi bambini. Questa famiglia è ricca e sarà di una grande sostegno nella mia carriera “.

Bella maniera di presentare una donna Signore Vallotton! Una donna, con soldi e bambini. Si trattava di donna Gabrielle Rodrigues-Henriques, figlia del mercatore d’arte Alexandre Bernheim, con chi Vallotton si è sposato nel  1899. La ritroviamo in numerosi dipinti di Vallotton. Il loro rapporto corrisponde al cambio di stile e di soggetto dell’artista che commincia a rappresentare delle scene più intime e la vita di coppia.

Félix Vallotton, La Signora Vallotton al suo tavolo dressing, 1899. Tempera su cartone. Kunsthaus Zürich, Zurigo.

Félix Vallotton, La Signora Vallotton al suo tavolo dressing, 1899.
Tempera su cartone.
Kunsthaus Zürich, Zurigo.

Félix Vallotton, Signora Vallotton, 1899. Olio su tela, 58.5 x 50 cm. Musée d'Orsay, Paris

Félix Vallotton, Signora Vallotton, 1899.
Olio su tela, 58.5 x 50 cm.
Musée d’Orsay, Paris

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“Everything thunders and smells of battle,” declared Félix Vallotton in July, 1914. War was engulfing Europe and even artists, so often pictured as absent-minded beings, isolated in their studios, were inevitably embroiled along with the rest of society. Vallotton felt compelled to contribute to the war effort but, at nearly 50 years of age, was dismissed as too old for army enrolment. So instead he turned to reflecting the war through his art. Or at least, he attempted to.

Félix Vallotton, The Anarchist, 1892.  Woodcut.  Private collection.

Félix Vallotton, The Anarchist, 1892. Woodcut. Private collection.

Growing up in the Jura region of Switzerland and then moving to late-19th century Paris, Vallotton had experienced his share of radical political environments. Read More

Die Jahrhundertwende vom 19. zum 20. Jahrhundert war in jeder Hinsicht eine Zeitenwende, die im Spannungsfeld der beiden Pole der etablierten Traditionen einerseits und der immer schneller voranschreitenden Moderne andererseits gesehen werden muss. In allen Bereichen öffneten sich bisher ungekannte Möglichkeiten mit teils enormen Auswirkungen auf die gesamte Gesellschaft.

Diese Veränderungen wirkten sich auch auf die Kunst aus.Gegen Ende des 19. Jahrhunderts tat sich schließlich eine Gruppe von Künstlern zusammen, die sich selbst als Propheten bezeichnete. Innerhalb dieser Gruppe, die unter anderem Künstler wie Paul Ranson und Paul Sérusier versammelte, findet sich auch der gebürtige Schweizer Félix Édouard Vallotton, auch der Fremde Nabi genannt.

Félix Vallotton: Frau mit Dienstmagd beim Baden, 1896. Öl auf Karton, 52 x 66 cm. Privatsammlung.

Félix Vallotton: Frau mit Dienstmagd beim Baden, 1896. Öl auf Karton, 52 x 66 cm. Privatsammlung.

Doch welche Botschaft hatten diese Künstler? Read More