Inteligencia íntima

Qué duda cabe de la honda admiración que siento hacia un buen cuadro de un Bacon o un Saura, donde uno presiente que hay una verdad insondable bajo los amplios trazos de pincel. Pero hay algo más íntimo en la atracción que siento hacia el arte pequeño, de pretensiones modestas. Hablando más claramente, me refiero a una pintura de interior que habla, en voz baja, del gozo del recogimiento y la soledad, o la compañía reducida. Hablo de los interiores holandeses, de Bonnard y Vuillard, hablo de Hopper y hablo de Vallotton.

Cena a la luz de la lámpara, 1899

Cena a la luz de la lámpara, 1899

Estas obras no me suelen producir un sobrecogimiento inmediato, como sí lo hace una cuadro negro de Goya o una fuerte diagonal de José Guerrero. La pintura de la que hablo es una que fermenta de forma más lenta, que requiere ser mirada con pausa. Así digiero, por ejemplo, una escena de interior de Vallotton. No tiene por qué haber más que una mujer sentada en un sillón o una pareja leyendo en silencio el periódico para colmar mi gozo estético. ¿Placeres burgueses? Quizá, pero estas son las obras de arte que con más claridad nos recuerdan el carácter íntimo de toda verdadera apreciación artística.

La visita, 1899

La visita, 1899

Puede resultar curioso que un anarquista convencido como Vallotton pasara buena parte de su tiempo pintando escenas de interior en vez de poneniendo bombas. A poco que uno se fije, se dará cuenta de que Vallotton hubiera malgastado su gran sensibilidad e inteligencia si se hubiera limitado a ser un propagandista: sus escenas callejeras, con su inmediatez e ironía, hablan de un hombre que está en el mundo. Como si ambas cosas –el compromiso político y el recogimiento– fueran incompatibles. Producen en mí un sentimiento infinitamente más profundo y duradero sus elegías de la vida doméstica que la retórica política del momento. En última instancia, quien dispone de un espacio íntimo inviolable dispone de tiempo para pensar.

Madame Vallotton y su sobrina, Germaine Aghion, 1899

Madame Vallotton y su sobrina, Germaine Aghion, 1899

Echa un vistazo a sus obras en este libro de Natalia Brodskaia y sumérgete tú también en el sagrado mundo doméstico de Félix Vallotton.

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